Esta mañana, un grupo de activistas de Greenpeace hemos instalado un tren de más de 12 metros de largo junto a las pistas de aterrizaje del aeropuerto de Barcelona-El Prat, junto al lema “Más Trenes y Menos Aviones” para denunciar el enorme impacto climático del sector aéreo y proponer un sistema de transporte limpio y accesible a toda la población.

Con esta acción exigimos al Gobierno que apueste por transportes sostenibles como el ferrocarril, que resulta hasta 20 veces menos contaminante por viajero transportado y que pueden funcionar con electricidad renovable, eliminando los vuelos cortos con alternativa por tren como Barcelona-Madrid o Barcelona-Valencia.

Y lo hemos hecho en El Prat, un aeropuerto que hoy registra muchísimas operaciones por el inicio de las vacaciones de julio y el fin del Mobile Congress. Porque a pesar de estar en el Año Europeo del Tren y de comprometerse a reducir las emisiones, tanto el Gobierno de España como la Generalitat de Catalunya están impulsando el plan de AENA para ampliar el aeropuerto. Más aún. Está previsto que AENA se gastará en esta ampliación (ojo!) 1.700 millones de euros. Sí, has leído bien.

Una ampliación que conlleva no solo ampliar el número de vuelos que llegan cada día, sino que también supone arrasar una zona protegida como la Laguna de La Ricarda que forma parte de la Red Natura 2000. Una obra, por tanto, que agravará la delicada situación de la costa mediterránea como hemos denunciado en numerosas ocasiones.

Para tensar el debate público, nos quieren colocar ante la falsa disyuntiva de que oponerse al aeropuerto es bloquear el desarrollo de la ciudad. Pero no es cierto. Ninguna ciudad puede prosperar basándose en exclusiva de un modelo turístico “low cost” que impacta negativamente en la población con alquileres más caros y devorando los recursos públicos.

Es cierto que se trata de un debate con muchas aristas, pero hay una que es indudable: si aumenta la capacidad del aeropuerto y el número de vuelos al año, las emisiones de gases de efecto invernadero crecerán en igual medida.

 

 

Si los gobiernos se han comprometido a reducir las emisiones del transporte, no pueden ampliar infraestructuras que solo conllevan más contaminación, como aeropuertos y autopistas. En el caso de Catalunya, el Parlament se comprometió expresamente a “reducir el impacto climático de la movilidad que genera”. Y el sector aéreo carece de un plan a corto plazo para mitigar sus emisiones, más allá de compensaciones de carbono (que trasladan a otros la responsabilidad pero no evitan que las emisiones se produzcan o desde la Plataforma Zeroport en la eficiencia por viajero transportado (que no sirven frente a un aumento de la demanda).

Con esta acción desde Greenpeace nos hemos sumado a las voces que, desde la Plataforma Zeroport, señalan la incoherencia que supone ampliar una infraestructura generadora de carbono en plena emergencia climática. Lo hemos hecho a nuestro estilo, con una potente acción visual junto a las pistas, pero también con rigor y soluciones.

 

Informació enviada per Greenpeace a Las afueras.