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El poder político egipcio es resultado de un golpe de Estado militar. Sin embargo, Occidente no clama en Egipto en favor de la democracia. Es un país clave en la región, pero que pasa desapercibido en los medios de comunicación.
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En su primer día de regreso a la Casa Blanca, el resurgido Donald Trump decretó la suspensión temporal de toda financiación exterior con el objetivo de evaluar su alineación con su estrategia política.
Autor: Gorka Ugalde.
Estos fondos, administrados por diversas instituciones, incluyen a USAID, una agencia que ficialmente se dedica al apoyo financiero para el desarrollo de otros países, pero que en las últimas semanas ha sido expuesta como un brazo operativo de la CIA, canalizando recursos a ONG, medios de comunicación y figuras públicas. Las subvenciones abarcan desde puntos estratégicos, como el apoyo militar a Ucrania y el respaldoa Taiwan, hasta la asistencia a diversas regiones de América Latina, África y Asia.
Pero no todo el flujo de dinero ha sido puesto en cuarentena. Solo dos países han obtenido un "aprobado automático", al parecer indiscutibles en cuanto a su utilidad y fiabilidad con el plan MAGA de Washinton. Los premiados son, por un lado el Estado de Israel, y, por otro lado, la República Árabe de Egipto.
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No es ninguna sorpresa ver a Israel recibiendo un trato de favor; el Tío Sam ha apoyado y asistido la campaña genocida israelí religiosamente durante el último año y medio. ¿ Pero, desde cuando es Egipto, miembro de los BRICS, un actor tan crucial para EEUU, incluso superando a Taiwán?
En un Oriente Próximo convulso e inestabe, donde las grandes potencias globales y regionales dominan el tablero geopolítico, la región ha en el centro de la atención internacional desde octubre de 2023. Sin embargo, El Cairo ha mantenido los focos mediáticos internacionales alejados de sí, eclipsado por gigantes como Turquía, Irán, Arabia Saudita e Israel. Pero, entre las sombras de estos actores, se esconde el sigiloso y pragmático Egipto de Abdel Fatah el-Sisi.

El Cairo
Egipto ejerce una influencia clave en el panorama geopolítico, gracias a su capacidad de mediación entre actores enfrentados, como EEUU y Rusia o Israel y Palestina. Las grandes financiaciones procedentes del FMI, China y los Emiratos Árabes Unidos están reconstruyendo el paisaje egipcio, mientras la influencia de El Cairo aumenta en conflictos regionales como los de Libia, Sudán y Somalia. No obstante, El Cairo también enfrenta desafíos significativos, como la amenaza del islamismo de los Hermanos Musulmanes, la disputa con Etiopía por el control del río Nilo y una liberalización de la economía que alimenta el descontento social.
Gracias a su posición geográfica estratégica, Egipto ha sido históricamente un punto clave de conexión entre África y Asia, así como entre las costas del Mar Rojoy el Mediterráneo, desempeñando un papel fundamental en el comercio, el intercambio cultural y el auge de grandes imperios. Su relevancia geopolítica se remonta a los imperios de la antigüedad y se extiende a través del Califato fatimí, la dinastía de Saladino y los mamelucos, hasta el reinado de Mehmet Alí. A partir de 1882, el vasto Jedivato egipcio qued´de faco sometido al dominio imperial británico. Incluso tras su independencia y las últimas décadas de la monarquía en el siglo XX, El Cairo conservó su primacía regional.
Pese al fin del protectorado en 1922, la propiedad del canal de Suez permaneció en manos de Londres y París, custodiado por un gran contingente de sodados británicos. Todo cambió tras el golpe de Estado de los "oficiales libres" del ejército egipcio en 1952, dirigidos por Gamal Abdel Nasser, derrocando la corrupta monarquía de rey Faruk I y estableció un estado militarista que persiste hasta hoy. Inicialmente, Egipto intentó equilibrar sus relaciones entre EEUU y la URSS, pero eventualmente la situación se desestabilizó y optó por nacionalizar el canal en 1956.
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El Canal de Suez
La fallida intervención militar de Gran Bretaña, Francia e Israel simbolizó el ocaso de la era imperial europea, reavivando las aspiraciones anticoloniales globales y consolidando a Nasser como un líder antiimperialista internacional. Bajo su régimen, Egipto alcanzó su apogeo, consolidándose como la potencia predominante en el mundo árabe y proyectándose a nivel global como una potencia media y uno de los referentes más destacados del Movimiento de Países No Alineados.
La humillante derrota en la Guerra de los Seis Días en 1967 contra Israel marcó el freno a la hegemonía de El Cairo. El sucesor de Nasser, Anwar el-Sadat, renunció al liderazgo ideológico y cultural como parte de su estrategia hegemónica regional. Sadat creía que la supremacía de Egipto era algo estructural, independiente del carácter de sus políticas e ideales, como lo demostró sus entonces escandalos decisión de normalizar relaciones con Israel. Fue en ese momento cuando Washington comenzó a proporcionar una considerable ayuda económica y militar a Egipto.
La ascensión de Hosni Mubarak al poder, tras el asesinato de Sadat en 1981, marcó la renuncia definitiva de Egipto a su rol dominante en la región. La pasividad por expandir su influencia y su alianza (o sumisión) con las monarquías del golfo y al neoliberalismo estadounidense relegaron a El Cairo a un papel secundario en África y Oriente Próximo.
Los eventos de la Primavera Árabe en 2011 y la represión por las fuerzas armadas forzaron a Mubarak a dimitir y a enfrentar un proceso judicial del que sería absuelto. Al año siguiente, Mohamed Morsi, candidato de los Hermanos Musulmanes, ganó las elecciones y se convirtió en el primer presidente de un gobierno civil, además de ser el primero de tendencia islamista y con estrechos vínculos con Catar, Irán y Turquía (y con el beneplácito de Obama).
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Mohamed Morsi.
Tras un año de protestas antiislamistas y las impopulares reformas que otorgaban amplios poderes al propio Morsi, en julio de 2013, el General y Ministro de Defensa Abdel Fatah el-Sisi tomó el poder mediante un golpe de Estado que destituyó al Presidente.
Con las fuerzas armadas de vuelta en el poder y el restablecimiento de la influencia saudí y emiratí, Egipto cerró el breve paréntesis islamista, no sin antes iniciar una agresiva campaña de censura y represión, especialmente contra los seguidores de los Hermanos Musulmanes, derivando en las masacres de Rabaa y al-Nahda en agosto de 2014. Pero para el-Sisi, la frágil estabilización del país no era suficiente y era necesario expandir su estrategia antiislamista más allá de sus fronteras, dentro del bloque saudita-emiratí, teniendo como principal objetivo el debilitamiento de la influencia turca y catarí. El caos que dejó la Primavera Árabe en toda la región brindó a El Cairo la oportunidad de maniobrar y reactivar un proyecto de expansión de su influencia, ahora bajo el pretexto antiterrorista.
La Libia post-Gadafi se transformó en un nido de yihadismo en el corazón del Mediterráneo, o que representó un riesgo para la seguridad egipcia, asediada por el creciente extremismo en el Sinaí. El-Sisi no dudó en surtir a Jalifa Hafter, íder de facto en Cirenaica, con armamento, apoyo diplomático y apoyo aéreo para combatir las milicias islamistas y al Estado Islámico en Derna.
La operación antiyihadista de Hafter creó una barrera existencia para Egipto frente a la influencia del islamismo enTripolitana (o en otras palabras, frente a la expansión de los tentáculos de Catar y, sobre todo, de Turquía). Con las viejas tensiones entre Ankara y El Cairo aún frescas tras el golpe de 2013, Egipto decidió cerrar filas en torno a Hafter y aliarse con los rivales más acérrimos de Turquía en la región : Grecia, Chipre e Israel. Estos países estrecharon la cooperación militar y energética, con la fundación del Foro de Gas del Mediterráneo Oriental (EMGF) para explotar los yacimientos de gas de esa zona, sin Turquía. El ostracismo al que fue sometido Erdogan en el Mediterráneo oriental se debilitó a partir de la fallida invasión de Tripolitania desde Cirenaica en 2021, provocando un descongelamiento en las relaciones entre Turquía y Egipto.
En contraste con Líbia, en Sudán el apoyo egipcio a favor del líder del Gobierno al-Burhan ha sido más cauto en comparación con otras potencias, debido a los intereses enfrentados entre Egipto y Emiratos Árabes Unidos. Hemedti, líder del grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido, es el protegido de Abu Dhabi y mantiene una red de contrabando armamentístico y minero con Hafter y el grupo Wagner. En este caso, la participación de El Cairo, consciente de sus limitaciones, se ha centrado en evitar que el conflicto se extienda a sus fronteras, gestionar la crisis de refugiados y garantizar el flujo del río Nilo.
Respecto al Nilo, Somalia se ha convertido en el epicentro de la histórica disputa entre Egipto y Etiopía por su control. En agosto de 2024, El Cairo selló un pacto militar con Mogadiscio, permitiendo el despliegue de hasta 5.000 soldados egipcios y el suministro de armamento. Esta intervención ha intensificado las fricciones con Etiopía, cuya relación con Turquía sigue fortaleciéndose.

En el coflicto palestino-Israelí, Egipto desempeña un papel crucial, tanto por ser un vecino cercano como por su istórico apoyo a la resistencia Una posible crisis de refugiados en el Sinaí supone un riesgo a los ojos del Estado egipcio, lo que hace fundamental asegurar y fortalecer el control del paso de Rafah, pero sin involucrarse en las violentas dinámicas del lado opuesto de la frontera. Además, la invasión israelí de la Franja de Gaza ha empeorado las condiciones internas, particularmente el sector turístico, las inversiones exteriores y el tránsito de buques comerciales por el Canal de Suez, que debido a los ataques de los hutíes en Yemen, han provocado pérdidas millonarias para El Cairo.
Consecuentemente, Egipto ha intensificado sus esfuerzos de mediación entre Hamás e Israel, país con el cual goza de una alianza muy impopular. De hecho, según AP, la inteligencia egipcia habría alertado a Israel sobre una posible gran ofensiva de Hamás 3 días antes del 7 de octubre; advertencia aparentemente ignorada por Tel Aviv. Frente a la sorprendente propuesta de Trump de una ocupación estadounidense de la Franja de Gaza mediante una evidente limpieza étnica y la subsiguiente colonización israelí, Egipto y Jordania, aliados de Washington, se han unido al rechazo global de este plan. Queda por ver que impacto tendrá este hecho en los vínculs entre EEUU y Egipto.