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Dissabte, 01 Octubre 2022

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Alice Neel. – « The Family (John Gruen, Jane Wilson and Julia) », 1970
© The Estate of Alice Neel - Courtesy of the Estate of Alice Neel and David Zwirner

Alice Neel y su campo de batalla.

Alice Neel no fue en vida una artista de moda, pero disfruta de un éxito póstumo. Sus cuadros se exponen en prestigiosos museos. Sin embargo, el interés que ha despertado entre los responsables de exposiciones está ligado a una lectura muy simplista de sus temas.

por Marie-Noël Rio, diciembre de 2021
Artículo publicado en Le Monde Diplomatique en español.
 

Fue ignorada durante gran parte de su vida y obtuvo cierto reconocimiento en el último cuarto de su existencia. Hoy, 37 años después de su muerte, Alice Neel ha sido objeto de una consagración “oficial”. Solo podemos congratularnos, puesto que de ese modo sus pinturas encontrarán una audiencia más amplia. También podemos extrañarnos: ¿qué ha hecho posible su repentino éxito tras años de indiferencia?

Nacida en Pennsylvania en una familia de clase media, Alice Neel (1900-1984) se gradúa en 1925 por la Philadelphia School of Design for Women, una escuela de arte de Filadelfia para mujeres. Un matrimonio fallido, un hijo que muere, una depresión severa, amantes, dos niños que cría sola y treinta años de penurias en Nueva York (en Greenwich Village, luego en Spanish Harlem). Apenas tiene dinero y su trabajo no despierta interés. Durante la Gran Depresión, se beneficia de los programas públicos implantados por el New Deal entre 1933 y 1943: el Public Works of Art Project y la Work Projects ­Administration implicarán a unos 10.000 artistas. Milita en las filas comunistas por la igualdad de derechos para todos, afroamericanos, mujeres... y a partir de 1946 colabora con asiduidad en el mensual comunista ­Masses and Mainstream. En 1955, en pleno macartismo, es interrogada por el Federal Bureau of Investigation (FBI), que la vigila desde hace un tiempo y la define en su informe como “bohemia romántica de ­tipo comunista”. Antes incluso de unirse al Communist Party USA (CPUSA) en 1953, Neel se había decantado claramente por el comunismo.

Al comienzo de la Guerra Fría triunfaba el expresionismo abstracto –exportado a Europa gracias al apoyo, a menudo oculto, de la CIA a varios círculos y fundaciones–, cuyas figuras más conocidas son Jackson Pollock y Mark Rothko (1). En 1944, Peggy Guggenheim, coleccionista y durante muchos años ­influyente galerista, declaraba que en un mundo en lucha contra el fascismo, el mero acto de pintar de manera moderna (es decir, abstracta) era una acción política (2). Con la Alemania nazi derrotada, ese lema, que convierte un estilo artístico en un arma al servicio del mundo libre y la democracia, encuentra un nuevo objetivo: la Guerra Fría cultural será notablemente eficaz. Neel, por su parte, se propone pintar “la comedia humana”, citando a su admirado Balzac.

Lienzo tras lienzo, pinta a sus semejantes, a quienes la rodean, en su complejidad, su diversidad, su vitalidad, sus tragedias. Busca captar al individuo que posa para ella en su totalidad, tanto su personalidad como su ser social: “Cuando un retrato está logrado, refleja la cultura, el tiempo y muchas cosas más” (3). Como destacaban sus allegados, amaba al pobre diablo que hay en el héroe y al héroe que hay en el pobre diablo... Es, por usar la expresión de Charles Baudelaire, una “pintora de la vida moderna”. Como lo fueron Édouard Manet, Paul Cézanne –otro héroe de Neel–, ­Vincent van Gogh o los grandes expresionistas Oskar Kokoschka, Georges Grosz y Otto Dix. Su preferencia por el realismo es fruto de la observación; su pintura, una expresión violenta y cruda de la realidad, ya se trate de sus modelos o de las calles de Nueva York: recrea, a través de la pintura, el mundo visible; no busca su simple representación, ni su idealización. Dentro del pequeño mundo de la vanguardia norteamericana, su estilo pictórico, un expresionismo figurativo muy personal, no solo la sitúa a contracorriente, sino también, erróneamente, en el bando del “realismo socialista”. Es cierto que su amigo Mike Gold, fundador y redactor jefe del mensual The New Masses y editorialista del diario comunista Daily Worker, a quien retrató en dos ocasiones, la había definido como una “pionera del realismo socialista en la pintura estadounidense”. Pero Gold era un luchador que no tenía reparos en subordinar todo a la causa.

Cuando el arte pop vuelve a poner de moda la figuración, Neel empieza a ser reconocida. Primer malentendido: detesta la uniformidad plana y comercial de ese nuevo movimiento que ignora la diversidad humana. En 1976, su trabajo se exhibe en la ­exposición Women Artists 1550-1950 del County Museum of Art de Los Ángeles, organizada bajo la presión de feministas que amenazaban con demandar al museo por no mostrar a mujeres artistas. Segundo malentendido: apoya las luchas feministas de los años sesenta y setenta, participa en muchas manifestaciones, ­retrata a figuras del movimiento como Kate Millett, Mary Garrard, Linda Nochlin..., pero se niega a reducir su arte a una causa. Y protesta contra las mujeres críticas que, según ella, te respetarán si pintas tu anatomía, pero que “no te muestran el menor respeto si pintas una clase social maltratada”.

Pinta los seres como los ve, sin embellecerlos ni idealizarlos, pinta los esplendores y las miserias de la vida: cuerpos desnudos, sexuados, presa de la enfermedad, del envejecimiento (su retrato de Andy Warhol es memorable), mujeres embarazadas, cansadas, obesas, viejos, niños; se pinta así misma desnuda con ochenta años, deformada por la edad, con las gafas sobre la nariz y el pincel en la mano. Unas semanas antes de su muerte, declara, tal y como cita el catálogo de la próxima exposición de octubre de 2022 del Museo Pompidou de París (4): “En la política como en la vida, siempre he amado a los perdedores, a los outsiders”.

A pesar de que, desde 2010, a instancias del historiador del arte británico Jeremy Lewison el Museum of Fine Arts de Houston e importantes instituciones europeas, de Londres a Hamburgo, han mostrado la obra de Alice Neel (5), el Metropolitan Museum of Art (Met) de Nueva York, el museo estadounidense más prestigioso, ha esperado hasta 2021 para organizar su primera gran retrospectiva. Lleva por título Alice Neel: People Come First, expresión extraída de una entrevista a la artista que Mike Gold hiciera para el Daily Worker. El catálogo solo se refiere a las exposiciones europeas en algunas notas a pie de página; completamente estructurado en torno a la biografía de Neel, a su “feminismo radical”, su “compromiso social”, sus “principios humanistas”, su “empatía”, hace de ella una “campeona de la justicia social” y apenas habla de su arte, salvo para calificar a la artista de “pintora radical”, concepto sin duda poco clarificador (6).

Ocuparse solo de la obra, como con demasiada frecuencia hace la tradición de la historia del arte, es ignorar la conexión entre la experiencia de la realidad y la traducción simbólica que un determinado artista hace de ella, en determinado momento, con un lenguaje propio susceptible de volverse universal. Pero reducir un artista a su biografía y a su contexto social, a una serie de valores morales, es reducir su arte a una simple ilustración de dichos valores, es incluso negar su especificidad. Ahora bien, Neel lo repite en varias ocasiones: su pintura es un “campo de batalla”, por su ambición de poner rostro a quien no lo tiene, pero también de dar forma a lo que no la tiene. Lo que es distintivo de toda verdadera ambición artística.

A lo largo de los cinco ensayos de su catálogo, el Met solo habla del arte de Neel para someterlo a un relato consensuado, para establecer cómo, en qué medida y cuándo se adecúa la artista a ese relato, cómo, en qué medida y cuándo sus obras, reducidas a la categoría de ilustraciones, constituyen testimonio o prueba fehaciente de la justeza de sus posturas respecto de las minorías. Cuando ella o sus obras son pilladas en falta, es regañada afectuosamente, no sin condescendencia. De ese modo, el catálogo dedica 14 páginas al activismo humanista de Neel (en lugar de al comunismo, nombrado alusivamente, no sin cierta reticencia), 26 páginas a su compromiso feminista, 14 páginas a su implicación en la cuestión racial, 22 páginas a su relación con el género y las minorías sexuales (Andy Warhol y sus superestrellas ocupan 5 páginas), y, extrañamente, 12 páginas a la abstracción en su pintura, que supuestamente mantiene profundas afinidades con la de Piet Mondrian, dado el marcado gusto de ambos por el jazz...

La disposición del catálogo, al igual que la de la exposición, va al unísono: las obras se agrupan en relación a esos temas, ignorando la cronología, que sin embargo ayudaría a comprender la evolución de la artista. Huelga decirlo, una estética está ligada a una representación del mundo. Pero ¿por qué en 2016 la New York Review of Books podía mencionar la influencia del comunismo en Neel y su obra y ahora el Met, la prensa especializada y su biografía oficial (7) optan por convertirla sobre todo en una figura anticipatoria de los movimientos de minorías de la actualidad? En respuesta, el crítico Ben Davis publicó un contundente artículo en Artnet News (18 de abril de 2021): “El comunismo de Alice Neel es fundamental en su arte. Se puede apreciar en el ‘campo de batalla’ de sus pinturas y en el despiadado retrato de su hijo” (Richard, que se convirtió en partidario de Richard Nixon, fue un alto ejecutivo de Pan Am Airways y posteriormente contribuyó a liquidar National Airways en provecho del sector privado). “Sin duda, el interés que despierta su obra es fruto del clima actual”, declaraba Roxana Azimi en el diario Le Monde (28 de diciembre de 2017) con motivo de la primera serie de sus exposiciones en Europa. Pero ¿no es esa una manera de ahorrarse todo examen serio del arte de Neel?; el examen de sus particularidades y su técnica, de sus temas predilectos, sus modelos y su rechazo del naturalismo, de su realismo original, de su sólido expresionismo, en fin, de su paleta, su manera de pintar...

Esta artista de obstinada independencia pintó las calles donde vivía, la gente que la rodeaba, en su diversidad de clases, trayectorias, color y aspiraciones, cuya consistencia y verdad buscaba a través de su arte, de su propia “comedia humana”, singular, impactante, difícil de percibir en la presentación que hace el Met ateniéndose a los parámetros actuales.

(1) Frances Stonor Saunders, La CIA y la Guerra Fría cultural, Debate, Madrid, 2001. Cf. también Emmanuelle Loyer, “L’art et la guerre froide”, en Art et pouvoir, de 1848 à nos jours, CNDP, París, 2006.

(2) Citado por Serge Guilbaut en De cómo Nueva York robó la idea de arte moderno, Tirant, València, 2007.

(3) Intervención de 1971 en el Moore College of Art and Design de Filadelfia, nuevo nombre de la institución donde había estudiado.

(4) Angela Lampe (dir.), Alice Neel, un regard engagé, Éditions du Centre Pompidou, París, 2020, 160 páginas, 32 euros.

(5) Cf. Jeremy Lewison (dir.), Alice Neel, Painter of Modern Life, Mercatorfonds / Yale University Press, 2016.

(6) Kelly Baum y Randall Griffey (dirs.), Alice Neel: People Come First, The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, 2021, 256 páginas, 50 dólares.

(7) Cf. Phoebe Hoban, Alice Neel: The Art of not Sitting Pretty, David Zwirner Books, Nueva York, 2010 (2021). Cf. también Alice Neel, entrevistas de Patricia Hills con la artista, Harry N. Abrams, Nueva York, 1983.

Angela Lampe parla d'Alice Neel.

Angela Lampe (dir.), Alice Neel, un regard engagé, Éditions du Centre Pompidou, París, 2020, 160 páginas, 32 euros.

 

Tamaño de Resultado de imágenes de Angela Lampe, Alice Neel Un regard engagé.: 120 x 170. Fuente: www.abebooks.co.uk


La decisió no va ser fàcil de prendre. Enmig de les discussions finals a la portada del catàleg va caure el veredicte: estarem confinats. Fa gairebé dos anys que treballem en aquest apassionant projecte: una presentació important d'una de les grans figures de l'art nord-americà: l'extraordinària pintora Alice Neel (1900-1984). L'exposició que, per primera vegada, hauria posat de manifest el seu compromís polític i social estava previst que comencés el 20 de juny de 2020. Tot estava a punt, les obres concedides, una bonica escenografia dissenyada, textos i etiquetes escrits i les disposicions de transport atortades. Però l'evolució de la situació sanitària ens permetria inaugurar l'exposició en la data anunciada?

A mesura que passaven les setmanes i la seva quota de males notícies, especialment dels Estats Units, on hi havia la majoria dels préstecs, la confiança es va enfonsar. A finals d'abril de 2020 ens vam haver d'enfrontar als fets: la realització del projecte va ser impossible aquest estiu. Calia, doncs, trobar un nou nínxol que, en un context en constant canvi, suposava un repte. La confirmació de les dates de la gran retrospectiva que el Metropolitan Museum de Nova York dedicarà a Alice Neel la primavera del 2021 –la consagració absoluta per a una dona artista ignorada durant la seva vida– ens ha permès decidir-nos. A causa de les dues etapes posteriors a la presentació de Nova York, vam haver d'ajornar el nostre projecte a la tardor del 2022, amb la idea de presentar-lo tal com es va concebre inicialment.

Catalogue « Alice Neel. Un regard engagé » - repro pages intérieures

Però què fer amb el catàleg a punt d'anar a imprimir? Aturar-ho tot o publicar-ho dos anys abans de l'arribada de les obres i de l'inici de la campanya de comunicació?

 

Al llarg de la seva vida, aquesta dona radical, membre del Partit Comunista, no va deixar mai de pintar els marginats de la societat nord-americana, els exclosos pels seus orígens, el color de la seva pell, la seva excentricitat, la seva orientació, la sexualitat o el radicalisme del seu compromís polític. Una decisió difícil de prendre... però la nostra voluntat, alimentada pel context polític actual, ens va portar a córrer el risc de publicar el catàleg tal com estava previst aquest estiu. En aquesta època problemàtica en què la vida dels altres, la de les persones de color, les minories i els emigrants sembla importar menys, Alice Neel té la paraula.

Encara que, gràcies a una notorietat creixent dels anys 60, Neel va ampliar l'espectre dels seus models a orígens més privilegiats, sempre es va mantenir fidel a les seves conviccions d'esquerra. Unes setmanes abans de la seva mort, la pintora va declarar: “En política com a la vida, sempre m'han agradat els perdedors, els forasters. Aquesta olor d'èxit, no m'ha agradat. »

En un enfocament interseccional, Alice Neel sempre ha estat capaç de vincular la causa de la dona amb la qüestió dels orígens i la classe social. Els seus nus femenins estan molt allunyats del cànon tradicional modelat per la mirada masculina, així com les seves dones embarassades en la seva forma més senzilla, sense cap sentimentalisme. Fins i tot va tenir el coratge de retratar una víctima de violència domèstica. Per això, Neel s'ha convertit en una icona del feminisme militant. Anticipant-se als debats actuals, explicava l'any 1971: “Sempre he pensat que les dones s'han d'indignar i deixar d'acceptar els insults gratuïts que els fan els homes. »

Catalogue « Alice Neel. Un regard engagé » - repro pages intérieures

J'ai toujours pensé que les femmes devaient s'indigner et cesser d’accepter les insultes gratuites que les hommes leur infligent.

Alice Neel

Travessant els períodes de l'abstracció triomfal, el pop art, l'art minimal i conceptual, Alice Neel, una dona lliure i independent, s'ha mantingut amb la seva pintura figurativa contra el corrent de les avantguardes que marquen l'escena de Nova York on s'havia ocupat. residència a principis dels anys 30. Vivint en barris obrers i multiètnics – primer Greenwich Village, després Spanish Harlem – Neel, que vivia de l'assistència social i mare soltera, se sentia propera als seus models a seguir, als quals va intentar identificar-se. El seu compromís mai és abstracte, sinó que es nodreix d'experiències reals. Pintar la història sense el filtre de la proximitat íntima no li interessa. Com l'ull de la càmera, Neel porta al nostre camp de visió persones que abans romanien a la foscor i van caure en l'oblit. Aquest és el seu primer gest polític. El segon rau en la seva elecció d'enquadrament: una frontalitat que desafia. L'artista ens situa just davant dels seus models. Amb gran poder pictòric, en Neel ens les imposa: mira'ls¡

A l'espera de l'exposició d'aquí a dos anys, el catàleg ens permet descobrir aquests retrats formidables així com la seva obra gràfica descarada. Podem seguir l'evolució de la seva obra des dels seus primers dibuixos i pintures de finals dels anys 20, pintats a Cuba, fins als últims quadres realitzats poc abans de la seva mort el 1984. Entenem el seu impacte en els artistes de les generacions posteriors a través de les fotografies de Robert Mapplethorpe i un homenatge de Jenny Holzer. Noves anàlisis il·luminen la seva obra a través de prismes polítics i feministes i, finalment, assaborim els comentaris, poemes, textos i entrevistes de la pròpia Alice Neel, sempre lúcids i rarament sense humor.

Angela Lampe, conservatrice, service des collections modernes, Musée national d'art moderne.

Des del juny de 2005, Angela Lampe és conservadora de les col·leccions modernes del Museu Nacional d'Art Modern amb un doctorat en història de l'art. Ha comissariat nombroses exposicions al Centre Pompidou a l'estranger, com ara "Chagall, Lissitzky, Malevich - l'avantguarda russa a Vitebsk", "Paul Klee". Ironia a l'obra”, “Vistes des de dalt”, “Kandinsky. Una retrospectiva” o “Edvard Munch, l'ull modern”. Va dissenyar el projecte “Alice Neel. Una mirada compromesa” que es presentarà a la tardor de 2022 al Centre Pompidou. Amb Florian Ebner, va supervisar l'exposició New Objectivity i August Sander, presentada el 2022.

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