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Dissabte, 25 abril 2026

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En la última década, el número de personas que padecen hambre aguda se ha duplicado, mientras la financiación retrocede a niveles de 2016
Nota de prensa conjunta de UE / BMZ / FCDO / g7+ / DAFM / FAO / FIDA / PMA / ACNUR / UNICEF / Banco Mundial.

La inseguridad alimentaria aguda y la malnutrición siguen alcanzando niveles alarmantes y profundamente enquistados, con crisis cada vez más concentradas en un reducido grupo de países, según advierte la décima edición del Informe Global sobre las Crisis Alimentarias 2026 (GRFC, por sus siglas en inglés), publicado este jueves por una alianza internacional.

El informe de la( https://ctrk.klclick1.com/l/01KPZP7MWZTTQP4H785XYM0YS0_1" data-auth="NotApplicable" data-linkindex="1">)Red Mundial contra las Crisis Alimentarias constata que la inseguridad alimentaria aguda sigue concentrándose de forma muy marcada en determinados países. Diez países —Afganistán, Bangladesh, la República Democrática del Congo, Myanmar, Nigeria, Pakistán, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen— concentran dos tercios de todas las personas que sufren niveles elevados de hambre aguda. Afganistán, Sudán del Sur, Sudán y Yemen registran las crisis alimentarias más graves, tanto en proporción como en número absoluto de población afectada.

En su forma más extrema, el https://ctrk.klclick1.com/l/01KPZP7MWZTTQP4H785XYM0YS0_2" data-auth="NotApplicable" data-linkindex="2">sistema de Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC) detectó hambruna en la Gobernación de Gaza y en partes de Sudán en 2025, algo que ocurre por primera vez desde que se publica el Informe Global sobre las Crisis Alimentarias. El dato pone de manifiesto un alarmante agravamiento del hambre y la malnutrición más severas, causadas sobre todo por los conflictos, la falta de acceso humanitario y el desplazamiento forzado.

 

En total, 266 millones de personas en 47 países y territorios sufrieron niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda en 2025, lo que representa casi el 23 % de la población analizada: una proporción ligeramente superior a la de 2024 y casi el doble de la registrada en 2016. En 2025, la inseguridad alimentaria aguda registró su segundo nivel de gravedad más alto desde que existen registros, y la proporción de personas en situación de hambre extrema se mantuvo entre las más críticas de las últimas dos décadas. La cifra de personas en situación de hambre catastrófica (fase 5 del IPC) se ha multiplicado por nueve desde 2016.

La malnutrición aguda sigue siendo, además, una preocupación crítica y creciente. Solo en 2025, 35,5 millones de niños padecieron malnutrición aguda, de los cuales casi 10 millones sufrían la forma más grave. Casi la mitad de los contextos que atraviesan crisis alimentarias también enfrentan crisis nutricionales, fruto de la combinación de dietas inadecuadas, enfermedades y el colapso de los servicios básicos. En los escenarios más graves ─como Gaza, Myanmar, Sudán del Sur o Sudán─ estos factores superpuestos han provocado niveles extremos de malnutrición y un riesgo elevado de mortalidad.

acnur personas que huyen de Libano y se adentran en Siria

El desplazamiento forzoso continúa agravando la inseguridad alimentaria. En 2025, más de 85 millones de personas se encontraban desplazadas por la fuerza en contextos de crisis alimentaria, incluidos desplazados internos, solicitantes de asilo y refugiados, que sistemáticamente afrontan mayores niveles de hambre que las comunidades de acogida.

"El conflicto sigue siendo el principal motor de la inseguridad alimentaria aguda y la malnutrición para millones de personas en todo el mundo, y la aparición de hambrunas en dos zonas afectadas por la guerra en un mismo año no tiene precedentes”, señala el secretario general de la ONU, António Guterres, en el prólogo del informe. “Este informe es un llamamiento urgente a los líderes mundiales para que activen la voluntad política necesaria, aumenten de forma rápida la inversión en ayuda que salva vidas y trabajen para poner fin a los conflictos que causan tanto sufrimiento".  

Un panorama sombrío para 2026

De cara a 2026, el informe advierte de que los niveles severos de inseguridad alimentaria seguirán siendo críticos en numerosos contextos. Los conflictos prolongados, la variabilidad climática y la incertidumbre económica global ─incluidos los riesgos para los mercados alimentarios─ amenazan con mantener o incluso empeorar la situación en muchos países.

gaza

En particular, aunque aún es pronto para una evaluación completa, la escalada del conflicto en Oriente Medio ─que ya ha provocado nuevos desplazamientos en una región que acoge a millones de personas refugiadas y retornadas─ expone a países en crisis alimentaria tanto a riesgos directos como indirectos derivados de posibles perturbaciones en los mercados agroalimentarios mundiales.

Las repercusiones inmediatas sobre la seguridad alimentaria son principalmente regionales, dado el alto grado de dependencia de Oriente Medio de las importaciones de alimentos. Sin embargo, el aumento de los costes de la energía y la logística ya está teniendo un impacto directo en el poder adquisitivo de comunidades que se encontraban previamente en situación de vulnerabilidad. Al mismo tiempo, advierte el informe, los países del Golfo son grandes exportadores de energía y fertilizantes, por lo que la persistencia de las interrupciones en el transporte podría generar efectos indirectos de mayor alcance sobre los mercados agroalimentarios mundiales. 

El desplome de la financiación pone en peligro la respuesta

Una de las principales preocupaciones que destaca el informe de este año es la acusada caída de la financiación humanitaria y al desarrollo destinada a hacer frente a las crisis alimentarias. Los fondos para la respuesta a estas crisis y para la seguridad alimentaria y la nutrición han retrocedido hasta niveles similares a los de hace casi una década, lo que limita la capacidad de los gobiernos y de los actores humanitarios para responder de manera eficaz. Esta falta de recursos también ha afectado a la recopilación de datos, con cada vez menos países en condiciones de producir estimaciones fiables y desagregadas sobre seguridad alimentaria y nutrición. 

Graves lagunas de información

La aparente reducción del número de personas que sufren niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda responde en gran medida a la disminución de la disponibilidad de datos, más que a una mejora real de la situación. El informe GRFC 2026 es el que cuenta con menos países que cumplen los requisitos técnicos de calidad de datos en la última década. En 2025, hasta 18 países y territorios carecían de información comparable, entre ellos crisis de gran magnitud como Burkina Faso, la República del Congo y Etiopía, que solo en 2024 concentraban a más de 27 millones de personas con inseguridad alimentaria aguda que necesitaban asistencia urgente. Esta falta de datos se refleja en la cifra total de personas afectadas que recoge el informe: aunque es inferior a la del año anterior, no implica necesariamente una mejora de los contextos de seguridad alimentaria, sino más bien la ausencia o la imposibilidad de acceder a datos fiables. 

Llamamiento a la acción

La Red Global contra las Crisis Alimentarias subraya que las crisis de alimentación y nutrición ya no son choques puntuales, sino fenómenos persistentes, previsibles y cada vez más concentrados en contextos prolongados.

Afrontarlas exige una acción sostenida y coordinada que reduzca las necesidades humanitarias, refuerce la resiliencia y ataque las causas profundas. Los gobiernos, donantes, instituciones financieras internacionales y socios deben aumentar la inversión en sistemas agroalimentarios resilientes, adaptación climática, medios de vida rurales y oportunidades económicas inclusivas, al tiempo que refuerzan los sistemas de alerta temprana y la acción anticipatoria. Prevenir los desenlaces más extremos, incluida la hambruna, depende también de garantizar el acceso humanitario seguro, respetar el derecho internacional humanitario y renovar el compromiso político para afrontar el hambre causada por los conflictos. 

Declaraciones institucionales

Barham Salih, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR):
El desplazamiento forzoso y la inseguridad alimentaria están profundamente entrelazados y forman un círculo vicioso que agrava la vulnerabilidad y el sufrimiento. Hoy, el 86 % de las personas obligadas a huir vive en países que atraviesan crisis alimentarias, y casi la mitad de ellos son situaciones de desplazamiento prolongado. La ayuda humanitaria salva vidas, pero no basta: es imprescindible invertir en soluciones que permitan a las personas refugiadas valerse por sí mismas y reconstruir sus vidas con dignidad”.

Hadja Lahbib, comisaria europea de Preparación, Gestión de Crisis e Igualdad, Dirección General de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria de la UE (DG ECHO):
El Informe Global sobre las Crisis Alimentarias es un ejemplo de cooperación multilateral en su máxima expresión. Desde hace diez años, ha logrado reunir a actores humanitarios y de desarrollo en torno a un análisis común, riguroso y de confianza sobre el hambre en el mundo. Un referente compartido en el que todos podemos apoyarnos. Y su mensaje es claro: el hambre va a peor. Este informe nos permite seguir las tendencias, comparar crisis y entender dónde se concentran las necesidades más urgentes. Pero, sobre todo, es una alerta temprana y un llamamiento a la acción. La Unión Europea mantiene un firme compromiso en la lucha contra la inseguridad alimentaria como donante humanitario fiable y con principios. Seguiremos utilizando este informe como brújula para orientarnos ante el aumento del hambre en un mundo cada vez más complejo”.

 


Qu Dongyu, director general de la FAO:


El informe demuestra que la inseguridad alimentaria aguda ya no es solo un fenómeno extendido, sino también persistente y recurrente. Tras diez años de evidencias, el mensaje es inequívoco: ya no estamos ante una sucesión de crisis, sino frente a un problema estructural. Debemos pasar de reaccionar demasiado tarde a actuar de manera anticipada, y de depender exclusivamente de la ayuda alimentaria a proteger la producción local de alimentos. Ese es el camino para reducir necesidades, salvar vidas y reforzar la resiliencia a largo plazo”.

 

 


Álvaro Lario, presidente del FIDA:
El Informe Global sobre las Crisis Alimentarias confirma que la inseguridad alimentaria aguda surge de la convergencia entre conflictos, choques económicos y fenómenos climáticos extremos. Los pequeños agricultores y productores suelen ser los primeros en verse afectados por estos impactos, pese a que desempeñan un papel clave en la seguridad alimentaria. Reforzar su resiliencia no es una opción, sino una respuesta imprescindible para lograr una estabilidad duradera. Invertir en agua, agricultura resistente al clima, financiación rural y acceso a los mercados es, a menudo, la forma más eficaz de evitar que las crisis alimentarias se conviertan en emergencias”.

 

Paschal Donohoe, director gerente y jefe de conocimiento del Grupo del Banco Mundial:
Las crisis alimentarias se ven moldeadas por la superposición de riesgos como los conflictos, la volatilidad de los precios internacionales y la intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos. Afectan primero y con mayor dureza a las personas más vulnerables. Por eso, la preparación es clave. Con mejores datos, herramientas más eficaces y una acción más temprana, podemos reforzar la resiliencia, proteger a las personas, sostener el empleo y preservar los avances en desarrollo”.


Cindy McCain, directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA):
Ha pasado una década desde que este informe puso el foco en la alarmante situación del hambre en el mundo. Por desgracia, la realidad no ha hecho más que empeorar. El hambre severa se ha duplicado y se ha declarado la hambruna en dos lugares distintos. Los mismos países siguen atrapados en un devastador círculo de hambre, alimentado por los conflictos y agravado por la insuficiencia de fondos. Contamos con la experiencia, los recursos y el conocimiento necesarios para romper ese ciclo, prevenir la hambruna y salvar innumerables vidas. Lo que se necesita ahora es un esfuerzo colectivo para poner fin a los conflictos y los recursos indispensables para impulsar un cambio real”.


Helder da Costa, secretario general del g7+:
Los efectos de estos choques —las crisis alimentarias en países afectados por conflictos— perduran a largo plazo y se mantienen incluso tras periodos de relativa estabilidad global. Este momento exige no solo una respuesta más contundente, sino un cambio estratégico en la manera de entender y abordar las crisis alimentarias. Apostamos por avanzar desde la dependencia de la ayuda de emergencia hacia la autosuficiencia, mediante la inversión en sistemas alimentarios locales, la eliminación de barreras estructurales y políticas al acceso a los alimentos, y la articulación de una estrategia coherente que integre la acción humanitaria, el desarrollo y la paz, y que aborde tanto las necesidades inmediatas como las causas profundas”.

 
Notas para la prensa:
 
Los niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda hacen referencia a la Fase 3 o superior de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC) o del Cadre Harmonisé (CH), así como a niveles equivalentes derivados del IPC/CH y de otras fuentes de datos citadas en el informe. Las poblaciones que se encuentran en estas situaciones requieren asistencia urgente.
 

Sobre la Red Global contra las Crisis Alimentarias (GNAFC)

La Red Global contra las Crisis Alimentarias (GNAFC) es una alianza internacional integrada por Naciones Unidas, la Unión Europea, el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania (BMZ), el Foreign, Commonwealth & Development Office del Reino Unido (FCDO), el Gobierno de Irlanda, el grupo de países Estados Frágiles g7+, y agencias gubernamentales y no gubernamentales que trabajan conjuntamente para hacer frente a las crisis alimentarias mediante acciones basadas en la evidencia y con impacto demostrado.

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Dpto. de Comunicación
de la Oficina de ACNUR en España:

              Paula Barrachina, Directora de Comunicación y Relaciones Externas
Teléfono: +34 675513544
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Rosa Otero, Responsable de Comunicación
Teléfono: +34 673469103
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