
Opinión
Los fascistas hacen más ruido pero nosotras somos más



Directora de la Fundación PorCausa
Actualizado a
2025 se extingue dejándonos la amarga sensación de que nuestras sociedades están partidas en dos mitades incompatibles, https://www.publico.es/opinion/columnas/fascismo-migracion.html">ur-fascistas y el resto. Las que creemos en los principios de la revolución francesa –libertad, igualdad y fraternidad– tenemos la sensación de que los fascistas nos están comiendo tostada. Pero ¿cuánto hay cierto y cuánto es percepción sobredimensionada? Para acabar el año con esperanza, he realizado un pequeño análisis de casos y traigo grandes noticias: las fascistas son menos, hablando de números, pero hacen más propuestas y, sobre todo, hacen muchísimo más ruido. Ahora bien, la falta de consistencia de sus políticas convierten a los gobiernos fascistas en poco sostenibles. Igualmente, el autoritarismo se perpetúa con más facilidad en países muy desiguales o con menor nivel de desarrollo socioeconómico.
En Europa un claro ejemplo es Italia. El gobierno de Giorgia Meloni es un bastión del ur-fascimo que llegó al poder en 2022 gracias a una campaña con un explícito discurso postfascista, antieuropeo, antimigratorio y nacionalista. Tres años más tarde, la primera ministra italiana maneja uno de los peores números económicos de la eurozona; posee el récord de ser el único país en el que https://www.iris-france.org/en/giorgia-meloni-three-years-in-power-between-european-pragmatism-and-national-ambiguities/">los sueldos han caído en los últimos 20 años. Parte de la debacle económica se debe a la https://www.imf.org/en/news/articles/2025/09/15/cf-italy-needs-higher-productivity-and-more-people-working">falta de productividad del país. Y es que uno de los mayores problemas a los que se enfrenta Italia es que tiene una población envejecida y una creciente falta de mano de obra. Se estima que para 2050 el número de personas en edad laboral se reducirá en más de un 10%.
Mientras, las malas condiciones de vida empujan a las italianas a buscarse la vida fuera –en 2024 emigraron 156.000 personas–. Meloni se ha visto obligada a abrir la mano a la inmigración y ha autorizado la concesión de 500.000 visados de trabajo a ciudadanos no europeos. Pero al mismo tiempo, la primera ministra también ha querido ser fiel al discurso antimigratorio que le otorgó la victoria y en 2024 anunció la apertura de dos centros de detención de migrantes en Albania. Con un coste de construcción de 65 millones de euros y gastos de funcionamiento anuales de 200 millones, estos centros solo llegaron a albergar a 132 personas antes de ser declarados ilegales.
En resumen, el problema de Italia con la migración es el saldo negativo de personas que tiene ahora mismo. El discurso antimigratorio que ha llevado a Fratelli d'Italia al poder está basado en mentiras que han creado una percepción errónea que puede arrastrar al país a una crisis sin precedentes. Meloni lo sabe y es capaz de permitir la entrada de medio millón de trabajadores extra comunitarios a la par que dilapida el erario público para mantener viva la sensación de que está luchando contra toda esa gente a la que tanto necesita.
Meloni dice una cosa y también la contraria. Esto recuerda mucho a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el día que orgullosa se plantó ante Vox en la Asamblea para reivindicar a las personas migrantes que "limpian casas y recogen cosechas". Con este discurso, clasista y utilitarista, https://cadenaser.com/nacional/2023/10/26/el-gobierno-califica-de-xenofobo-el-mensaje-de-ayuso-sobre-reparto-de-inmigrantes-entre-comunidades-cadena-ser/">Ayuso se desmarcaba de sus declaraciones xenófobas habituales. La gestión migratoria ha sido un arma que la presidenta madrileña ha esgrimido desde que llegó a su cargo, llegando incluso a https://es.euronews.com/my-europe/2025/07/31/la-comunidad-de-madrid-recurre-el-reparto-de-menores-inmigrantes-ante-el-supremo">oponerse al reparto de menores desde Canarias.
Este sistema basado en las incongruencias es el que mantiene a Meloni como favorita con una frágil intención de voto en un país donde prácticamente no hay ninguna otra alternativa política propositiva. Y lo que sucede en Italia también se replica en otros países de la OCDE. Poblaciones que están envejeciendo a un ritmo acelerado, falta de mano de obra y de gente joven, y ausencia de liderazgo político, con una propuesta progresista desdibujada y extremadamente cobarde.
Pero, al mismo tiempo, existe mucho espacio para la esperanza. La realidad es que las personas que queremos un mundo más justo y gestionado con amor somos muchas más. Si miramos los números de voto de las últimas elecciones nacionales en España, el reparto fue de más de 12,5 millones de abstenciones, seguidos de 8,1 y 7,8 millones respectivamente para PP y PSOE, 3 millones para Vox y Sumar y, muy por detrás, el resto. Esto se ha repetido en las elecciones extremeñas, donde la abstención podría gobernar con mayoría absoluta. Y es que el problema es que las elecciones las está ganando la abstención, menos en aquellos sitios donde están surgiendo propuestas valientes que anteponen el bienestar social.
Los casos más interesantes los hemos visto este año en Estados Unidos. La respuesta al autoritarismo sin tapujos de Donald Trump ha generado una ventana de oportunidad para el llamado socialismo estadounidense. La figura más representativa de este movimiento, que cada vez suma más personas y gana más puestos en las filas de los progresistas estadounidenses, es Bernie Sanders, al que acompañan la congresista Alexandria Ocasio-Cortez y el nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. La propuesta recuerda mucho a la que se generó en España durante los años posteriores a la gran crisis del 2008 y de hecho Mamdani afirma que decidió iniciar su carrera política inspirado por los discursos de Sanders durante aquella época.
La idea que plantean es asegurar unos servicios sociales mínimos que reduzcan la desigualdad, permitiendo que las capas más vulnerables y con menos recursos sean capaces de sobrevivir con dignidad. Eso consiste en asegurar una sanidad universal, acceso a la vivienda, a la alimentación, al transporte y a la educación. Además, presentan una agenda antirracista y de derechos civiles sólida como una roca, para dentro y para fuera de los Estados Unidos. En su propuesta socioeconómica, la base es la redistribución sobre todo de la super riqueza, esa de las personas extremadamente ricas, con patrimonios personales que superan los mil millones de euros. A nivel local también hay un enorme trabajo que se está haciendo https://jacobin.com/2025/12/mamdani-listening-event-new-york">para escuchar y construir de forma comunitaria. Durante el año que duró la campaña de su candidatura, Mamdani https://www.aol.com/articles/democrats-zohran-mamdanis-outreach-efforts-160258195.html">consiguió movilizar a más de 100.000 personas voluntarias. Gracias a todo esto la participación en las elecciones de 2025 dobló a la de 2021, confirmando que el éxito de estas propuestas está en la movilización de una sociedad que ha pasado de la desgana a la esperanza.
El reto de los nuevos líderes como Mamdani, que están aflorando por todo el mundo, es cumplir con las expectativas creadas. Es un desafío enorme porque un fracaso en la ejecución puede llevar a un desencanto que haga pandear el equilibrio al extremo opuesto. Este ha sido el caso de Chile, donde el progresista Gabriel Boric ahogó todas las opciones de mantener un gobierno progresista al ser incapaz de mantener una agenda y un discurso ejecutivos y sólidos, abriendo de par en par las puertas al ur-fascista José Antonio Kast. El caballo de Troya aquí ha sido la seguridad. En el cuarto país más seguro de la región, según el Índice de Paz Global 2025, https://www.ine.gob.cl/sala-de-prensa/prensa/general/noticia/2025/07/07/subsecretar%C3%ADa-de-prevenci%C3%B3n-del-delito-e-ine-presentan-los-resultados-de-la-encuesta-nacional-urbana-de-seguridad-ciudadana-(enusc)-2024">el 88% de la población opina que existe un problema de seguridad. Es cierto que Chile ha sufrido una leve caída debido a la entrada del narcotráfico y del crimen organizado, pero sigue en la categoría de “alto Estado de paz”. Kast ha aprovechado esa brecha para presentar un programa de trabajo inspirado en las propuestas de Nayib Bukele, presidente de El Salvador.
Me explicaba el periodista https://premioggm.org/persona/jose-luis-sanz/">José Luis Sanz que Bukele ha conseguido situar a su país, que era uno de los más inseguros de la región, entre los cinco países más recomendables para el turismo de América Latina. Pero el precio a pagar ha sido la pérdida absoluta de derechos de toda la población salvadoreña, y en especial de las clases más vulnerables. Bukele dirige de forma autoritaria un Estado militarizado en el que cualquier ciudadano puede ser detenido, encarcelado y desaparecido sin ningún tipo de juicio. Lo de Bukele ha sido un susto o muerte; se ha cambiado un problema extremadamente grave por otro. Ahora bien, cuando los discursos distorsionantes consiguen generar el espejismo de la falta extrema de seguridad en países seguros, el resultado puede ser “muerte”, sin que haya ni siquiera “susto”. Tenemos varios ejemplos ilustradores, como el de Estados Unidos sin ir más lejos. En España, la ultraderecha nacional y nacionalista también anda intentando colarnos este caballo de Troya, y algunos políticos progresistas empiezan a hacer aguas, como le pasó al expresidente de Chile. Hay que recordarles que no se puede dar ni un paso atrás.
Así que últimamente hemos tenido sustos y alegrías. Pero lo más esperanzador del año a nivel mundial ha sido la fuerza con la que ha surgido el movimiento propalestino global, que atraviesa transversalmente todo el marco político. Pankaj Mishra explica en su ensayo El mundo después de Gaza que este genocidio es un punto de inflexión. Nada ha sido más grave que lo que ha sucedido con relación a este tema, que ha evidenciado todas las brechas del sistema decadente en el que nos encontramos. Pero la respuesta civil global es un rayo de luz entre las sombras. Hemos recordado que tenemos poder, que nuestra fuerza es muy superior a lo que pensamos. Y es cansado y lleva tiempo, pero se puede. Somos muchísimos millones de personas las que hemos empezado a gritar. Y nos ha hecho bien.
De modo que sí, yo acabo aquí llena de ilusión. Somos muchas más y podemos cambiar las cosas. Pero para avanzar tenemos que recordar que el objetivo no es solo ganar, sino más bien mantener vivo el proceso. Esto es como la tabla de ejercicios diarios, que se nota con el tiempo. La lucha por los derechos y por la justicia debe ser un acto cotidiano, no una excepcionalidad. Como decimos en la Fundación porCausa, “vivir es un acto político”. Cuidémonos, protejámonos, unámonos y, sobre todo, no tengamos prisa.
Poco a poco, como la gota malaya, sin pausa, sin violencia, repitiendo como propone Zig Ziglar, hasta que ya no quede duda de que el mundo lo tiene que gobernar el amor y no el odio.
Feliz 2026.