La adaptación climática de España no puede esperar: estos son los riesgos graves y urgentes
Aun logrando todos los objetivos globales y nacionales de mitigación –algo que a estas alturas parece muy improbable–, los impactos del cambio climático irán a más en España. Por tanto, la adaptación al nuevo –y peligroso– clima asoma como un reto impostergable para que las alteraciones que van a ocurrir en todos los ámbitos de nuestras vidas –salud, economía, agricultura, energía, movilidad, industria, ciudades, etc.– nos afecten lo menos posible. Pero para poder diagramar y aplicar políticas de adaptación, primero se necesita identificar, caracterizar y priorizar los riesgos. Y España lo ha hecho. Ya dispone de una primera radiografía integral a escala nacional. El resultado: hay 51 «riesgos claves y complejos» que, ya sea por la gravedad, urgencia o irreversibilidad, necesitarán atención prioritaria en los próximos años
En total, la Evaluación de Riesgos e Impactos derivados del Cambio Climático en España (ERICC-2025), presentada hace unos días en la sede del MITECO, ha identificado 141 riesgos climáticos relevantes en los 14 sectores que conforman el sistema socioecológico y económico español: salud, agua, biodiversidad, sector forestal, agricultura, costas, energía, movilidad, industria, turismo, sistema financiero, patrimonio cultural, cohesión social y ciudades.
El 36% de esos riesgos han sido catalogados de «complejos» por sus posibles efectos en cascada, las vulnerabilidades compartidas y los fallos críticos que pueden generar en los sistemas sociales, económicos y productivos.
La evaluación —realizada durante más de dos años por un consorcio científico-técnico compuesto por expertos del Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria (IH Cantabria), Tecnalia Research & Innovation y el Basque Centre for Climate Change (BC3)— identifica un grupo más pequeño (13 riesgos) de «urgencia máxima». ¿Qué significa eso? Pues que requieren intervención inmediata y priorización en la toma de decisiones dada la inminencia, probabilidad y severidad de sus impactos.
Estos riesgos se concentran en 5 de los 14 ámbitos: salud, agua, biodiversidad, ciudades y cohesión social, áreas donde el cambio climático ya está produciendo efectos tangibles o donde la ventana de oportunidad para actuar es estrecha. El informe, de 1.500 páginas, destaca la morbimortalidad por calor y contaminación, las sequías e inundaciones extremas, la pérdida de biodiversidad, los daños urbanos por eventos hidrometeorológicos severos y los riesgos sociales derivados de la interrupción de suministros críticos.
«Podemos decir que desde hoy tenemos un instrumento clave y fundamental para definir las políticas de adaptación al cambio climático. Los escenarios climáticos más extremos ya se están materializando en España. Por eso este documento es de vital importancia para nuestro presente y futuro», ha celebrado Elena Pita, directora general de la Oficina Española de Cambio Climático, en el acto de presentación.

Cómo definir un riesgo climático
Íñigo Losada, catedrático de Ingeniería Hidráulica y director de Investigación del Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria, responsable de la metodología de esta evaluación, ha explicado que la finalidad del documento es la proporcionar una «base científica y metodológica sólida» que oriente la planificación de políticas públicas de adaptación, la gestión del riesgo climático y la integración de la variable climática en la toma de decisiones estratégicas.
La evaluación –ha agregado– es un paso esencial en el ciclo de las políticas de adaptación, y resulta clave para el desarrollo del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030 (PNACC). «Este proceso ha implicado una extensa revisión científica y técnica, así como la participación de expertos y organismos de distintos ámbitos sectoriales, garantizando la trazabilidad, consistencia y coherencia metodológica», ha puntualizado.
Los «riesgos climáticos», ha explicado, tienen tres componentes: peligro, vulnerabilidad y exposición. Los peligros predominantes incluyen el aumento sostenido de la temperatura media, la intensificación de las olas de calor, la reducción de las precipitaciones y la mayor frecuencia de eventos extremos (inundaciones, temporales marítimos, incendios forestales).
En España, la exposición es muy alta en áreas litorales, corredores fluviales, zonas agrícolas intensivas y grandes aglomeraciones urbanas. Y la vulnerabilidad se concentra en territorios con menor capacidad de adaptación, como las zonas rurales despobladas o los entornos costeros densamente urbanizados.
Cada riesgo clave (y son 51) representa una interacción crítica entre peligros climáticos, exposición y vulnerabilidad, y ha sido analizado en términos de severidad, inminencia, urgencia y capacidad de recuperación.
Riesgos interconectados e irreversibles
Al hilar más fino, la evaluación identifica aquellos riesgos que deben ser prioritarios en cualquier estrategia de adaptación nacional, como por ejemplo aquellos que pueden generar o amplificar otros riesgos dentro del sistema, actuando como un impulsor o propagador de impactos.
Los daños debidos a sequías extremas prolongadas destacan por su potencial de activar más de 26 riesgos clave. Entre ellos se encuentran la pérdida de servicios ecosistémicos y la reducción de la disponibilidad hídrica. La pérdida de biodiversidad repercute en un descenso de la productividad agraria, la disminución en la capacidad de los ecosistemas forestales para absorber y almacenar carbono, y la alteración de procesos ecológicos esenciales como la polinización.
«Hay una red altamente interconectada en los riesgos claves, con más de 1.700 conexiones identificadas. La adaptación tiene que ser integrada y sistémica», ha advertido Efren Feliu, gerente de adaptación al cambio climático en Tecnalia, otro de los coordinadores del proyecto.
La irreversibilidad es otro factor clave en la jerarquización de los riesgos. La evaluación identifica 17 que tienen baja o nula reversibilidad –no hay ninguna acción política que pueda evitarlos– asociados principalmente a pérdida de hábitats, degradación de suelos, erosión costera y desertificación, y requieren medidas preventivas inmediatas.

Tres ejemplos
El 88% de la población española vive en ciudades, un porcentaje superior a la media europea, ha remarcado el investigador Beñat Abajo, responsable del capítulo sobre entornos urbanos. Los mayores riesgos de este sector están vinculados a «la ausencia o exceso de agua». «Los últimos dos años han sido un claro ejemplo. Un 2023 muy cálido y seco, con problemas de abastecimiento de agua y un 2024 con lluvias torrenciales, como la dana de Valencia, muy extrema», ha ejemplificado.
Elisa Sainz, experta del BC3, responsable del diagnóstico en el sector de la salud, ha enumerado todos los riesgos interrelacionados que ya están teniendo un fuerte impacto en el país, como el calor extremo, la mala calidad del aire o la multiplicación de vectores infecciosos. «Sabemos que el cambio climático es también un problema de salud pública. Urge adaptarnos a todos estos riesgos», ha subrayado.
En el sector de las costas, Losada ha destacado cuatro riesgos principales: el aumento del nivel del mar, la acidificación, la erosión y las inundaciones. «El nivel del mar va a seguir aumentando, hagamos lo que hagamos. Esto va a generar una pérdida permanente de superficie emergida, lo que va a generar problemas de relocalizaciones y desplazamientos», ha aventurado.
En paralelo, el aumento de la temperatura del Mediterráneo, que se calienta más rápido que otros mares, va a provocar la desaparición de muchas especies. «Todo esto va a ocurrir. Eso no lo podemos evitar. Pero sí podemos tomar medidas para adaptarnos. En este documento está el primer gran diagnóstico de cómo hacerlo», ha señalado Losada.

